Una palabra: Un escrito

Trauma

Yo no quería ir al psicólogo.

¿Por qué iba a querer ir a hablar de mis problemas con algún desconocido que ni siquiera habla mi idioma nativo?

(¿Por qué carajos estoy compartiendo esto en una red social?)

Pero en el fondo sabía que tenía que hacerlo. Entonces me preparé y estaba lista para hablar de ese problema que me estaba afectando día a día.

Recuerdo que escribí “toda mi historia” de inicio a fin (o eso creí) para hablarlo con la psicóloga y no olvidarme de ningún detalle. Esto, supongo, porque quería mejorar la situación lo más rápido posible.

No quería más pesadillas.
No quería más ataques de pánico.
No quería ansiedad. No quería sentir miedo.
No quería sentirme débil.
No quería sentirme perdida.
No quería repetir los mismos patrones una y otra vez con cada persona que entrara a mi vida.

La cuestión es que luego me di cuenta que eso que había escrito era sólo un 0.2% del problema real.

Conclusión después de las primeras consultas: Mi trauma tenía un trauma y ese trauma otro trauma y ese otro trauma.

Entonces lo que empezó siendo una hoja se convirtió en un libro de historia. Y la caja Pandora de preguntas para poder analizar mi vida y el porqué actué como actué, tomé las decisiones que tomé, llegué a donde llegué, se abrió.

¿Quién eres?
¿De dónde vienes?
¿Por qué te fuiste?
¿Y qué me cuentas de tu infancia?
¿Y cómo te llevas con tus papás?
¿Y tienes hermanos?
¿Y qué te gusta?
¿Por qué te gusta?
¿Qué quieres?
¿Por qué?
¿POR QUÉÉÉÉÉ?


“Curarse” de un trauma toma mucho tiempo, y honestamente dudo que se “cure” por completo. Ni siquiera sé si esa palabra está bien. Además, me di cuenta que la sociedad no se preocupa por estos temas (piensa en tu familia, en tu cultura, en tus deberes, en todo eso que haces en modo automático sin saber el porqué). Es algo que se ignora o se ve como algo “extraño” pero increíblemente es algo muy común. Todos tenemos traumas, solo que la gente ya está acostumbrada a ellos y no todos tienen la “maldición/bendición” (así le digo) de darse cuenta de ellos y atenderlos.

No es fácil. Toma tiempo, esfuerzo y muchos altibajos. Vas a necesitar trabajar mucho para que tanto tu cuerpo y tu mente salgan del modo de “supervivencia y pánico constante” y puedas recuperar esa conexión contigo mism@ y ese sentido de “seguridad” (que a veces se puede sentir como un 10%, 50% o 100% o incluso volver al 0%).

Si lees esto y (desafortunadamente) te sientes algo identificad@, o te causa cierta incomodidad, háblalo con alguien de confianza. Incluso puedes hablarme a mí.

Pedir ayuda no es ser débil, es simplemente ser humano.

Siempre me he considerado una persona tímida. Ahora, no tanto (tengo más conciencia de ello y decido que no quiero serlo, del todo) y creo que por eso estoy aquí hablando de este tema.

¿A qué quiero llegar con todo esto? Al restaurante del fin del universo.

(…)

Vale, no.

Esta es la cuestión: Me gusta escribir (me recuerda a mi abuelo y me da calma) así que se me ocurrió usar las redes sociales para compartir una parte “más real” de mí. Y sí, ya sé que todos dicen eso así que…¿Qué importa si me les uno?

Hoy quise hablar de la palabra “Trauma”, pero tal vez mañana o al día siguiente hable de Kchapuris, siestas, Estonia, perritos, gatitos o Los 120 días de Sodoma. Quién sabe, ya veremos que me sale.

Una foto random, en mis -no tan mejores- momentos.