Hogar

“Uno es de donde llora, pero siempre querrá ir a donde ríe.”

Creo que de toda la colección de poesías de Baluarte, esta pequeña frase fue la que más me marcó. Y es que siempre vuelvo a ella cuando pienso en mi hogar.

Me di cuenta que mi hogar no son solo 4 paredes y un techo. Hay mucho más detrás.

No se trata de un lugar, nunca lo fue.

Hogar es la sensación de paz, alegría, autenticidad y seguridad.

Hogar para mí es esa calidez de un abrazo, las ganas de reír hasta llorar, las sonrisas que me sacan mis propios recuerdos y experiencias, la paz que siento al estar en silencio con mis pensamientos y reflexionar sobre mi vida, pensar en mi abuelo, ver los detalles que poco a poco voy creando con mis propias manos, emocionarme por limpiar y acomodar mi lugar, tener mi espacio y tiempo para entrenar, cuidar mi cuerpo, bailar frente al espejo, e irme a dormir segura de que al día siguiente voy a estar feliz de despertar donde estoy.

Supongo que escribo esto porque hace casi 4 años que dejé mi país, mi casa, mi lugar “seguro”. Lo que alguna vez fue, ya no está. Durante mucho tiempo sentí nostalgia por un lugar que ni siquiera existía. Era como extrañar un lugar imaginario.

Luego entendí que mi hogar está muy dentro de mí y no hay manera de perderlo. Mi hogar es mi creación y no algo que la vida me dio (o me quitó).

Ahora tengo la dicha de poder sentirme “en casa” y sé que cuando deba irme nuevamente, el hogar lo llevaré conmigo a donde quiera que vaya.

Porque no soy el lugar de dónde vengo. No soy el lugar donde estoy. Y lo que busco, como dice Elvira, es estar donde puedo reír, ser yo misma, de la manera más auténtica y plena que el universo lo permita.

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