Complacer

La Roca de Afrodita, en la costa de Chipre.

Encontrar el equilibrio en complacer.

“– ¿Esto es lo que quieres? Preguntó sonriente y sin dejarme responder, con una de sus manos empezó a quitarse la piel dejando al descubierto todos sus órganos, huesos y tendones. Era hermoso y pensar que eso lo hacía por mí me llenaba de una extraña satisfacción. 

Me acerqué y tomé su cara entre mis manos. Nuestros labios se taparon, y pude sentir la calidez de su cuerpo descubierto en mis dedos. Me alejé lentamente y noté como mis manos ahora se veían rojas por la sangre que emanaba su cuerpo sin piel. 

Esta persona estaba mostrándome todo su interior por el simple hecho de que me amaba lo suficiente para quitarse su piel, su identidad y su esencia por mí y nuestro amor. ¿Quién no querría eso?”

Esto lo escribí inspirándome en un cortometraje que todos necesitan ver porque está muy retorcido y maravilloso, así que les dejo el link al final de este post.  

¿Complacer es bueno o malo?

¿Cómo llegas a ser alguien tan complaciente? ¿De dónde viene? 

¿Cómo te das cuenta? Y lo que es más importante ¿Cómo sales de ahí?

¿Cómo no llegar al punto extremo de temerle al hecho de complacer a alguien porque temes identificarte como “alguien complaciente”? 

¿Y poner límites sanos?

¿O darte cuenta que alguien te está dando mucho de sí, solo para complacerte a ti? 

En algún punto me di cuenta de lo co-dependiente que he sido con las personas que he dejado entrar a mi vida. 

Cuántas veces no tomé responsabilidad por el dolor, enojo o inestabilidad de otra persona.

Era yo, su salvadora y mártir. “Yo puedo con esto” me decía, pero en el fondo sabía que no y pensarlo me hacía sentir CULPABLE.

No sabía cómo ser yo, y todo estaba bien, cuando realmente no era así.

Incluso, la primera vez que llegué a pensar en la posibilidad de poner un “límite” o “boundary” me sentí egoísta, mala y hasta me dije loca a mí misma.

Ahora veo como poco a poco perdía mi humanidad.

No hay nada más humano que aceptar que:

  • Estás mal
  • Tienes miedo
  • Tienes que cambiar
  • Hacer lo incómodo o difícil es necesario y a veces lo mejor para todos

Mi entrada anterior sobre la palabra trauma.

Ayudar o complacer a los demás no empieza por ellos, sino por ti mism@. 

En un mundo de extremos, esta situación es muy conocida: 

Alguien se da cuenta que es muy complaciente en sus relaciones al punto que pierde su esencia, su identidad. Sus decisiones se basan más en los demás y en el que dirán que en lo que quiere realmente.  

Esta persona quiere cambiar, entonces salta al otro extremo: Se preocupa sólo por sí mism@. Le aterra mostrar cierta vulnerabilidad o preocuparse de más porque no quiere volver a identificarse como alguien “complaciente”.

¿Cómo encontrar ese punto de equilibrio? 

Ese que no se muestra casi (al menos en redes sociales) porque no vende, porque no emociona. 

Se me hace actualmente fomentamos mucho más enfocarnos en nosotros, en nuestro bienestar.

Pero, muchas veces dejamos por fuera esa parte de la ecuación que también es importante: El ser complaciente, la capacidad de ceder. 

Complacer por sí solo no es malo. Y encontrar ese punto de balance y aceptación es lo difícil.

Complacer solo se torna malo cuando te limita a ti o a la otra persona la capacidad de aprender, mejorar y ser tú mismo.

Es algo así como el dinero: No es malo. Simplemente es una herramienta, y se torna malo cuando el ser humano lo corrompe.

No se tiene que satanizar el hecho de ser complaciente. 

Está bien preocuparse y mostrar afecto. 

Está bien ayudar y hacer sentir a la otra persona querido o consentirle de algún modo ( libre imaginación aquí). 

Incluso la naturaleza te obligará a ser complaciente en algún punto de tu vida (nada más imagina ser mamá o papá y todo lo que esto implica: Cuidar, consentir, ayudar, cuidar).

Pero, la probabilidad de que la vida te lleve a un extremo u otro en algún punto de tu vida es grande, y es tu responsabilidad encontrar o volver a ese punto de equilibrio.  

Crees que complaces a alguien por amor, o tal vez porque te identificas como esa persona que “nunca se rinde” o “da lo mejor de sí mism@” o “se preocupa por los demás”.

Pero cuando complaces sin más, sin pensar en el porqué, o en el beneficio para ambos a largo plazo (en cualquier tipo de relación humana), es ahí donde tienes que detenerte y preguntarte:

¿De dónde viene esa necesidad de querer complacer a alguien/todos? 

¿O la de conseguir cierta aprobación por parte de todos? 

¿Me gusta cómo me hace sentir?

¿Tiene algún beneficio a largo plazo o es solo un impulso?

¿Lo estoy haciendo en modo automático?

¿Estoy cultivando cierto resentimiento sin darme cuenta? 

O en el caso de que estés exigiendo/pidiendo algo de otra persona sin siquiera saber el porqué o comunicarlo claramente, también es necesario reflexionar:

¿Por qué quiero que esta persona me trate de cierta manera?

¿Por qué necesito que esta persona haga A o B para sentirme bien? 

¿Por qué estoy molest@ si alguien no actúa como quiero que lo haga si ni siquiera yo sé porque quiero eso en primer lugar? 

Introspección, le dicen. 

Mirar internamente, unir los hilos de tu infancia con tu presente e incluso ir más allá: ¿Has pensado en lo que tus papás han pasado? ¿Y los papás de tus papás? ¿Y los papás de los papás de tus papás? 

Sí, eso es abrir la caja pandora. Pero, para ser conscientes y ser más humanos (no mejores) es necesario. 

Sé honest@ contigo mismo. Mírate y escúchate a ti y a los demás con curiosidad y compasión. 

Algunas veces llegarán personas que querrán todo de ti sin dar nada a cambio, y otras veces dónde serás tú el que estarás obteniendo todo de una persona sin siquiera darte cuenta. 

La mayoría de las veces que le hacemos daño a alguien es de manera inconsciente y es por eso que para mí (ahora) es tan importante hacerme todas esas preguntas.  

Ésta soy yo:

  • Dejando ir mi obsesión internalizada (que ni siquiera sabía que tenía) por ser aceptada y sentirme indispensable para una persona, por miedo al abandono. 
  • Trabajando en ese punto de equilibrio deseado (es algo que se fomenta todos los días y no es nada fácil, lo sé). 
  • Dejando ir mi miedo de ser vulnerable o preocuparme de más por las personas.  
  • Intentando ser más humana (no titan). 
  • Fomentando mi auto-consciencia todos los días y poniendo límites sanos a cada persona que entra en mi vida.
  • Dejando de lado las excusas y mostrándome como soy realmente.

E irónicamente ahora que no busco complacer a los demás sé que de algún modo esto es lo mejor para todos los que me rodean.

En esos momentos donde complacer y ser complacida se siente bien.

Cortometraje: 

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